Friday, June 27, 2008

Nada es más fuerte que Hulk

Hace poco más de un mes, mientras aguardaba que "Iron Man" diera inicio, el trailer de "The Incredible Hulk" llamó mi atención por sobre tantos otros aburridos avances. Entonces me pareció una innecesaria reedición de la historia del hombre increíble y tuve mis serias dudas de que el producto pudiera acercarse siquiera a la versión de 2003. Ahora, tras haber visto el nuevo film, puedo afirmar que fue una decisión más que acertada por parte de Marvel.

"Hulk" de Ang Lee fue un arriesgado ejercicio cinematográfico, lleno de interesantes recursos estilísticos, pero relegó a un segundo plano lo lúdico y se alejó sobremanera de la trama original en función de desarrollar los personajes y sus motivaciones (algo típico en el realizador taiwanés), en detrimento de la fluidez de la narración. Pese a sus muchas virtudes, la cinta fue destrozada por gran parte de la crítica y aburrió a morir a la mayoría de los fanáticos, quienes reclamaron a viva voz una nueva adaptación. Sus plegarias demorarían cinco años en ser escuchadas.

Dirigida por Louis Leterrier (habitual socio de Luc Besson), "The Incredible Hulk" es la película que todo incondicional quería ver. A diferencia de su predecesor, el francés renuncia a reinventar la leyenda del gigante verde y, lúcido, prioriza el ritmo y la espectacularidad por sobre la densidad. Apoyado en el eficaz guión de Zak Penn y Edward Norton (no acreditado), el director propone un relato ágil, frenético cuando tiene que serlo, que no decae nunca. Además, aprovecha de forma sensata los magníficos efectos especiales y ofrece unas secuencias de acción muy bien logradas, manteniendo expectante (y muy entretenido) al espectador durante todo el metraje. Buena labor del también autor de "The Transporter".

El reparto, en general, es de lujo. El talentoso Edward Norton resulta muy convincente en el rol del atormentado Bruce Banner, sobre todo en su esmero por no perder el control mientras es víctima de persecuciones sin intermisión. Tim Roth luce soberbio (como siempre) interpretando al engreído e irascible Emil Blonsky en su tránsito hacia la maldad pura, The Abomination. A William Hurt le queda bien el papel del obsesivo Thaddeus "Thunderbolt" Ross y explota una faceta nada habitual del personaje en la escena final. Sólo Liv Tyler decepciona al no poder replicar el fuerte carácter e inteligencia de la Elizabeth Ross original (como sí lo supo hacer Jennifer Connelly en la versión de Ang Lee) y sus insoportables lloriqueos son el punto más bajo del film.

"The Incredible Hulk" tiene más guiños a la fanaticada comiquera que cualquier otra cinta de superhéroes, al extremo que hay que verla más de una vez para pescar todos los detalles. Aparecen Bill Bixby y Lou Ferrigno (quien ahora cede su voz a la criatura) y se deja escuchar una reactualización de The Lonely Man, todo a manera de homenaje a la popular serie televisiva de los setenta. El acostumbrado cameo de Stan "The Man" Lee es el más gracioso hasta la fecha y forma parte esencial de la trama. También salen (pensando en las secuelas) el carismático Tony Stark y los doctores Samuel Sterns y Leonard Samson, quienes se convertirán en The Leader y Doc Samson, respectivamente.

Esta película (junto con "Iron Man") es la prueba que Marvel va bien encaminada a redimirse de sus pasados errores. La compañía está repitiendo en el celuloide el éxito artístico y comercial que ya tiene ganado en el rubro de las historietas, a la par que va construyendo un universo cinematográfico de auspiciosas proporciones. Es de esperarse que las entregas por venir sigan la misma senda, para alegría de fanáticos y de quienes sólo buscan entretenimiento inteligente.


Jorge Luis Gutiérrez Torres

Monday, June 23, 2008

We are the champions… no time for losers


He descubierto las verdades, las he visto por TV… Y todo se debe a mi lindo Perú, donde ya sé lo que es ser campeón, pero no sé lo que es perder, porque la culpa siempre la tiene el otro.

Y vayamos por partes:

1. Yo le di alegría a veintiocho millones de peruanos… pero no juego los partidos

Como que no es necesario hablar de los seis balones que introdujo Uruguay en el arco peruano. Como que sobran palabras respecto de la mejor generación de futbolistas peruanos de los últimos cincuenta años o de su técnico ganador. Después de todo, la historia ya tiene reservadas páginas doradas para los saltos y despejes de Alberto Rodríguez, para la hombría de Neyra, para la constancia de Cevasco, para la genialidad táctica de Del Solar. Es ocioso hablar de algo tan bello, donde sobran palabras.

Sin embargo, creo que es necesario hablar de nuestros geniales y desinteresados dirigentes. Ellos, comandantes de los éxitos (cada vez mayores) que nos han rodeado últimamente, y delegantes (porque así lo exigen los tiempos corrientes) de las grandes responsabilidades en intrascendentes goleaditas de media docena.

Por ejemplo, basta recordar cuando los llamados “jotitas” clasificaron al Mundial de la categoría e hicieron una campaña decorosa. Todos fuimos testigos como el Presidente de nuestra gloriosa Federación Peruana de Fútbol asumió el éxito como propio, y bueno, tuvimos que agradecerle tal gestión. Claro, no podemos exigirle ahora que salga de la comodidad que le otorgan las sombras de los bajos de su cama para que venga a hablar de una tontería tal como un simple partido perdido, cuando además matemáticamente podemos clasificar. Exigirle su presencia es de derrotistas y poco hombres.

Mención aparte merece el señor de señores, aquel que, a pesar de sus ojitos sabios y frente amplia, responde al nombre de Juvenal. Es cierto, él fue el del éxito de Cienciano hace algunos años. ¿Qué? Se equivocan, no fue el gol de Lugo quien hizo gritar de alegría al Perú, sino que fue Juvenal quien le dio la alegría a veintiocho millones de personas. Y ya pues, Juvenal no jugó en el Centenario, no pudo ser él quien le causara tal vergüenza a esos mismos veintiocho millones de peruanos, todo fue culpa de los once de la franja (que ya parece el fabuloso Muni).

Por favor, hay que agradecerle a Mañuquito y a Juvenal los éxitos. No seamos tan miserables.

2. Capturé a los malditos… pero nunca pediré disculpas a esos indios

Cuando un cholo maneja bicicleta, tiene un mp4 y un celular con cámara, obviamente es un criminal peligroso. Lo sabemos todos y nadie tiene razones para quejarse, salvo los cholos, claro está. Y esa verdad casi absoluta la sabía el cada vez más respetable alcalde de Miraflores, Manuel Masías (¿alguien sabe cómo quedó el asunto de los albañiles mártires que fallecieron en aras del progreso?), quien evidentemente participó en la captura de tales avezados delincuentes.

Claro, luego se demostró que toda verdad es relativa y que estos cholos en realidad no eran delincuentes sino que eran deportistas. Bueno, cualquiera se equivoca, pero que no vengan con vainas, pues. No exageren, no es para tanto.

Y, aunque Míster Masías apareció echándose flores por la captura de estos aparentes avezados delincuentes que no lo eran, nadie puede exigirle a sus ojitos claros y a su sonrisa de marfil que pidan disculpas a cholos tan feos, ¿no? Después de todo, las investigaciones no han terminado, y quién sabe, tal vez resulte que estos chacchen coca, y un limeño de pura cepa no le puede pedir disculpas a cholos de dientes verdes y que malean la vista de Larcomar, ¿verdad? Además, los capturó la policía, que ellos pidan las disculpas… ¡No jodan!

3. En Santa Anita yo fui el héroe… en Moquegua la cagó Jordán

Impecable, Santa Anita. Todos somos héroes, todos felices, todos contentos. El Ministro del Interior (“LAC” para los amigos, “LAC… agaste”, para los demás) fue el cerebro de la operación, el Aníbal de Ate, el Julio César en las Galias mercaderiles, el ya no ya, el non plus ultra, el rico del barrio, el gordito simpaticón. Todos lo aplaudimos, todos nos alucinamos por tal muestra de eficiencia policial y dijimos “¡carajo!”.

Y bueno, lo de Moquegua es una anécdota. LAC no tuvo nada que ver, él es sólo el mando político, no tiene ninguna injerencia en las operaciones. Seamos honestos, el general Jordán fue el incompetente. ¿Cómo se le ocurre pedir perdón a varios miles de manifestantes que lo amenazaron con matarlo? Eso es de cobardes. ¿Acaso LAC le ha pedido perdón al Perú por mentir en el Congreso y por aferrarse al cargo de una manera tan vigorosa? ¡No, general! ¡Usted debió mirar desafiante a la turba y escupirle al rostro! Si lo mataban, usted habría sido héroe nacional junto con sus hombres, y los huérfanos y viudas de sus pobres policías se habrían muerto de hambre, sí. Pero orgullosos sí que iban a estar. ¡Cobarde, mil veces cobarde!

Ahora, el jefe Gorgory y LAC han mostrado sus razones por las cuales Jordán debe ser separado del cargo. Debería ser degradado y sus galones triturados, porque no es posible que un general (que es tan tonto de atreverse en el campo de batalla, donde las papas queman) se preocupe de la vida propia y de sus inermes subordinados.

Y, ¿LAC? Bueno, dicen que cuando deje de temblar y chuparse el dedo pulgar será condecorado por el Congreso y por el Presidente con la Orden de la Gran Constitución de 1993. Bien merecido.

4. Yo derroté al terrorismo y sabía todo lo que sucedía en el país... ¿Colina?, ¿qué es eso?

Y, por último, el gran líder, el chinito más lindo, aquel de la lengua traviesa, el que tiene por mascota un fétido mapache y una par de viejas cotorras, el suegro del perro Puñete, el gran héroe del Cenepa, pero sobre todo el héroe que derrotó al terrorismo y a la hiperinflación.

Y sí, Kenya es un genio, lo sabía todo, todo estaba fríamente calculado. Se leía todos los informes de inteligencia, programaba todas las acciones de las fuerzas armadas, no se le iba una… Bueno, sí, un par, una llamada “El Doc” y otra llamada Colina. Vamos, ¿alguien cree realmente que el chinito lindo sabía de las cosas que estos delincuentes hacían? ¡Por favor! Y bueno, si sabía, lo que se hizo fue un sacrificio necesario por un bien mayor. Después de todo, los cholos no pueden tener mp4 o celulares caminando por Larcomar, mejor que estén en una fosa común.

¡Suelten a Kenya! Él sabía todo lo bueno, pero nada de lo malo. Era tan inteligente para la estrategia militar, pero tan idiota para dejarse engañar por algunas personas. Es la dualidad humana. Separemos las cosas, el éxito del Perú es gracias al chinito, pero las violaciones de derechos humanos, la cleptocracia y el hijodeputismo es obra de Montachinos y su mafia.

Qué lindo es el Perú…


Jorge Ágreda Aliaga

Monday, June 16, 2008

Qué bonito es el tenis

Federer y Nadal: eternos rivales.


Esta temporada, mi tenista favorito -Roger Federer- ha estado jugando a media caña, sin convicción, sin esa contundencia de años anteriores. Para empezar, perdió el Abierto de Australia que cayó en manos de Djokovic y (por enésima vez) la final de Roland Garros ante Rafael Nadal. Esto último sí resultó humillante: el chaval lo llegó a blanquear en el tercer set por 6-0. Algo inconcebible para un número uno. Y más todavía para un número uno con los pergaminos del suizo. Ante esto muchos nos hemos preguntado qué diablos está pasando con Roger. ¿Ya fue? ¿Está viejo? ¿Arrastra alguna lesión? ¿Perdió las ganas de seguir jugando y ganando? No sé... Yo creo que todo jugador sale al campo con las intenciones de ganar. Es lo lógico. Y Roger gana (o ganaba) siempre. Todo lo que jugaba. Claro, hasta que apareció en escena el Rafa. Este muchachito insolente que se atrevió a faltarle el respeto al number one. El niño esteroide ganó su primer Roland Garros en 2005 con diecinueve añitos y dos días. Musculoso. Zurdo. Aguerrido. Siempre rascándose el culo antes de cada saque. Privó al suizo de la final del único Grand Slam que le ha sido esquivo hasta ahora. Y con esto se fue ganando a pulso mi odio más visceral. No lo pasaba ni con vino. Ni con Pisco Sour. Ni con gaseosa. Con nada. Odiaba al chavalillo insolente, y lo odiaba más cada vez que le ganaba a Federer. En esos encuentros me cuadraba frente al televisor y cruzaba los dedos para que alguna lesión repentina lo sacara del partido y del tenis, si fuera posible. Obviamente, mis deseos nunca se cumplieron.

Han pasado varios años y el chavalillo se ha hecho hombre, sigue rascándose donde no debe y –sobre todo- sigue ganando. Sobre tierra batida es invencible. Frente a Federer lo es más. Pero algo cambió. Tengo que confesar que en todo este tiempo he dejado de odiarlo poco a poco. Ya no puedo. El tenis no me lo permite. Es más, hasta he comenzado a apreciarlo, a agarrarle cariño. Sí, debo estar loco... Ahora con el que estoy molesto es con Roger. No puedo concebir que un hombre con su inmenso talento no pueda ganarlo todo. Siempre. Me encandilé con el suizo y me volví su hincha por eso: porque jugaba como nadie lo hacía. Por lo mismo que me gustaban Maradona y Zidane. Es inevitable. A todos nos gustan los talentosos, los que hacen fácil lo difícil, los que tienen esa “magia”. Es claro que Rafa no tiene ni la finura ni el talento de Roger, pero sí la fuerza física y mental para sacar adelante un partido. Tal vez por esto no me caía bien al principio. Nunca me gustó que la fuerza física, o mental, o la “garra” -como quieran llamarlo-, opacara al talento. Es como preferir al “Puma” Carranza antes que a Montaño (aunque hay algunos desequilibrados que tal vez preferirían al “Puma”). Pero, para ser justos, el español es mucho más que un jugador en excelente estado físico. Juega muy bien al tenis y tiene una fortaleza mental a prueba de balas. Ese creer en algo, jugarse la vida en ello y conseguirlo es lo que ha generado mi admiración por él. Nada es imposible y nunca hay que rendirse. Cuando lo veo correr de extremo a extremo de la cancha, salvar una bola que parecía perdida, caerse y levantarse sobre el pucho para contestar una pelota, no puedo evitar emocionarme. Es la actitud que tiene el Rafa lo que lo hace un campeón. Porque en el tenis, como en la vida diaria, tienes que tener esa mentalidad ganadora, a prueba de todo, para conseguir tus metas. Lucharla hasta lo último. Hasta cuando parece que ya todo está perdido y te sientes hasta las huevas. Como en la final del pasado domingo en el torneo de Queen´s ante Djokovic. En medio del partido, después de un resbalón, Rafa literalmente voló -cual Superman- para contestar una bola que terminó botando fuera, y se ganó el aplauso de todos los presentes (incluido el rival). Era una bola perdida, pero para él no. Con severas ampollas reventadas en los dedos de su mano izquierda siguió jugando y ganó. Es actitud, nada más.

Con esta última victoria Nadal demostró que también puede ganar en hierba. Algo que no había hecho hasta ahora. ¿Qué se viene? No lo sé… Sólo puedo decir que este número dos juega hace rato como número uno, y ya merece serlo.


Oscar Aybar

Karaoke

Teatro Mocha Graña, 17 de mayo de 2008

El número escrito en la parte superior del programa corresponde a la ubicación por orden de llegada. Fui el 58, aunque me senté bastantes sitios más atrás y con empellones de por medio.


Si el entretenimiento ligero, sin mayor pretensión que la de provocar una carcajada o una risa media sostenida, es una virtud en sí misma, Karaoke (dramaturgia de Gilberto Nué) lo cumple con soltura en dos de los cuatro actos que presenta. No todo tiene que ser trascendental o aterrador, muchas veces nos contentamos también con actuaciones a secas. Y ellas, más allá del texto simplón que les ha tocado interpretar, pagan la entrada (que, en este caso, fue con pase de sombrero).

Cada actor representa su historia al estilo de un stand-up comedy. Disfruté la primera. Más universal, creo que es la que mejor va a tolerar el tiempo. A riesgo del lugar común, su tema es la soledad de aquel a quien han dejado solo. Julián Estrada interpreta convincentemente a Rufo Perrota (el nombre no pudo ser más horrible), e improvisa con mucha habilidad. Un joven ya no vive con los padres tras la extraña muerte del perro de la familia y verdadero centro de los afectos. El joven evoca a la mascota y se confunde con ella en medio de la complicidad del público (de allí viene, supongo, la idea del nombre del personaje).

La tercera historia resultó también graciosa. Manuel Gold es Augusto Yépez, un mago bastante incompetente, pero simpático, que ensaya fracasados juegos de prestidigitación con cartas, en los que también, cual ventrílocuo, da voces a un imaginario auditorio que lo aclama y condena. Emilram Cossío es desaprovechado en el segundo acto. Espaciolo Núñez es un extraterreste (de allí la originalidad del nombre) obligado a ser un vendedor todo terreno sin la mínima fortuna. El texto es pobre y demasiado próximo al estilo de los cómicos ambulantes.

Vera Castaño como Rebeca Gonzáles: el último monólogo es absolutamente innecesario. Sin ningún sentido, es cansado hasta el extremo de mirar en más de una oportunidad el celular para ver la hora, sentir lo incómodo de las sillas de plástico, lo maltratado del teatro, el trabajo pendiente, el regreso a lo cotidiano. Supuestamente tuvo el propósito de hilvanar los tres actos anteriores en un punto común (la llamada por teléfono a los tres personajes anteriores en busca de una cita), pero lo cierto es que es una descortesía para el espectador que tiene por principio no levantarse hasta que la función haya terminado.

La coreografía de los actores para el tránsito de uno a otro acto, sin desconocer la válida opción del director que gusta de Cerati, me pareció muy larga. La obra inicia y acaba con un vídeo también prolongado. Aquí debo admitir que soy una persona antigua e intolerante; no tengo sensibilidad para apreciar estos entreveros.

La dirección estuvo a cargo de Diego López. Esperamos su próxima entrega.


Abraham García Chávarri

Friday, June 13, 2008

Megadeth en Lima: Sinfonía de destrucción

Miércoles 11 de junio de 2008, explanada del estadio Monumental

Foto por Droogie

Eran las dos y media de la tarde y al menos cincuenta individuos ya hacían cola, la mayoría enfundados en sus polos de Megadeth, pero también de otras bandas del género (menos de Metallica). Luego de pedir a los que me antecedían que guardaran mi sitio, a lo cual accedieron gentilmente, me fui a almorzar. Volví pasadas las cuatro y los de la fila ya eran varios centenares. Algunos combatían el frío con ron, otros con tronchos, mientras varios más mataban el hambre con chatarra que los recién llegados iban trayendo. Ya posicionado, pude ver más camisetas negras que seguían subiendo desde el óvalo, alimentando mis esperanzas de ver colmado el recinto.

A las seis nos dejaron entrar a la explanada y me dispuse a coger la mejor ubicación en mi zona, "Rust In Peace", a treinta metros del escenario. Éste estaba decorado de forma bastante sencilla, con un telón de fondo con el logo del grupo, flanqueado por dos pantallas gigantes, más los amplificadores y las luces de rigor. La excelente música de fondo hizo menos tediosa esta nueva espera. Se dejó ver Fiorella Rodríguez, cada vez más flaca (parecía la versión femenina de Vic Rattlehead), también Koki Belaunde (¿?), entre otros representantes de la fauna de Chollywood. Mientras tanto, nosotros dábamos de alaridos y hacíamos la seña de los cuernos que popularizara Ronnie James Dio a las cámaras de los programas de espectáculos.

A las ocho, ya era evidente que no se alcanzaría el lleno total, lo cual me entristeció un poco. Sin embargo, el entusiasmo de los presentes hacía augurar que sería una noche de aquellas. Por las pantallas gigantes se confirmó para el 5 de agosto la llegada del prestidigitador del hacha Joe Satriani (¡imperdible!) y también publicitaron el show teatral de Chespirito (duramente pifiado). Iron Maiden asaltó nuestros oídos y comenzamos a corear sus canciones, preparando las gargantas para lo que se nos venía. Sin que terminase Run To The Hills, y un minuto antes de la hora señalada, Megadeth salió a escena.

Apenas vi a Mustaine y compañía, pensé que me arrepentiría hasta el fin de mis días por no haber llevado cámara, pero pronto caí en cuenta que desde mi posición nunca hubiera podido obtener alguna imagen o filmación decente (el pogo en mi zona fue tan brutal que casi derribamos la valla de contención, lo que obligó a los de seguridad a reforzarla con grandes barras de metal). A cambio, el no tener nada o nadie a quien proteger me hizo disfrutar al máximo del espectáculo.

El cuarteto arrancó con Sleepwalker y el frenesí se apoderó de nosotros. Take No Prisoners, In My Darkest Hour, Hangar 18 y demás clásicos fueron coreados hasta la afonía, no así los temas del último álbum, recibidos con relativa tibieza por la audiencia. Justo antes de empezar À Tout Le Monde, el gran Dave colgó en el soporte de su micrófono una bandera peruana que habían arrojado al escenario y allí flameó durante el resto de la función. En Symphony Of Destruction todos fuimos uno y el grito "Megadeth, Megadeth, Perú es Megadeth" acompañó a Mustaine cada vez que hacía el legendario riff. Luego vino Trust, con sus infaltables estrofas en nuestro idioma (nunca me sentí tan identificado con aquello de "Me duele todo el cuerpo") y siguieron las impactantes She-Wolf y Peace Sells, dejando para el cierre la delirante Holy Wars... The Punishment Due. Me sorprendió que no tocaran Mechanix (en Chile y Argentina sí lo hicieron) y me quedé con las ganas de escuchar Foreclosure Of A Dream (mi favorita del conjunto). Incluso así, me pareció un set list demoledor.

El desempeño de Dave Mustaine merece un párrafo aparte, pues no todos los días toca en nuestro país una leyenda como él. Su capacidad con las seis cuerdas sigue intacta y muchos emulamos sus fenomenales solos desde nuestras air guitars; es un alivio ver que aquella lesión a los nervios de su brazo izquierdo (que amenazó con retirarlo prematuramente de los escenarios) quedó sólo como un mal recuerdo. El colorado, que normalmente es bastante frío y tímido, estuvo feliz con la respuesta del público, se dejó adorar sin remordimientos y (pese a lo horrible de su castellano) se mandó con varias frases que nos encandilaron, nos agradeció el cariño que le profesamos y prometió volver muy pronto.

Respecto al trío que acompañó a Megadave, Chris Broderick demostró que era cierto todo lo bueno que se decía de él y por momentos nos hizo olvidar al genial Marty Friedman. James LoMenzo la rompió en el bajo (sobre todo en Peace Sells) e hizo sentir su presencia escénica, dirigiéndose constantemente al público con una gran sonrisa (la mayoría ni se acordó que "JLo" fue miembro de White Lion, una banda de glam metal). Carismático, el gringo. Quien no me terminó de convencer fue Shawn Drover, quien en shorts y con su polo de la selección peruana parecía recién llegado de una pichanga. A la percusión le faltó poder y virtuosismo, pienso que Mustaine puede conseguir un mejor baterista para su banda.

El comportamiento del público fue normal, para lo que se puede esperar en un concierto de estas características. El pogo, si bien rudo, nunca fue malintencionado y no hubo lesionados de consideración. Tampoco faltaron quienes abandonaron su zona en pos de acercarse más al conjunto, pero los gorilas de seguridad los hacían volver o los botaban del local a empellones. La nota negra de la velada la protagonizó un infeliz que se subió al escenario, pero uno de los roadies lo neutralizó rápidamente, mientras Mustaine se quería comer con los ojos a los encargados de protegerlo por la demora en su reacción y por no haber previsto esa contingencia.

Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que este ha sido, de lejos, el mejor concierto de metal realizado en el Perú. Aunque duró sólo noventa minutos y hubo algunos problemas con el sonido (sobre todo al principio), fue un espectáculo muy intenso y nos dejó molidos y extenuados, pero dichosos. Fue todo un privilegio haber asistido, lo guardaré permanentemente en mi memoria.


Set List:

Sleepwalker
Wake Up Dead
Take No Prisoners
Skin O' My Teeth
Washington Is Next!
Kick The Chair
In My Darkest Hour
Hangar 18
Gears Of War
À Tout Le Monde
Tornado Of Souls
Ashes In Your Mouth
Burnt Ice
Symphony Of Destruction
Sweating Bullets
Trust
She-Wolf
Peace Sells
Holy Wars... The Punishment Due


Jorge Luis Gutiérrez Torres

Thursday, June 05, 2008

El humano cuyo nombre sea escrito aquí, morirá

Ryuk es un shinigami (la personificación de la muerte, según la mitología nipona) cuya única ocupación, y la de sus congéneres, es matar humanos para prolongar su propia existencia. Para tal fin, debe escribir los nombres de sus víctimas en un cuaderno especial, con un sinnúmero de reglas, que todo shinigami posee. Un día, harto de eones de rutina, Ryuk decide arrojar su cuaderno al mundo humano en búsqueda de entretenimiento.

Dicho objeto es encontrado por Yagami Raito, uno de los mejores estudiantes de todo Japón. A pesar de ser también un destacado deportista, muy popular (sobre todo con las chicas) y miembro de una familia nada disfuncional, Raito es víctima, al igual que Ryuk, de un aburrimiento monumental. Tras probar el cuaderno un par de veces y convencerse de que realmente funciona, el joven inicia una anónima cruzada contra el crimen y al cabo de pocas semanas adquiere gran notoriedad en todo el orbe, tras el deceso masivo de delincuentes.

Ante estos acontecimientos, el mundo se polariza. Los adolescentes y no pocos adultos aprueban la labor de Raito, lo idolatran, crean páginas web en su honor y lo bautizan "Kira" (anglicismo japonés de killer), mientras que las fuerzas del orden toman la firme determinación de atraparlo. Al no encontrar una explicación racional a las muertes, la policía decide contactar a "L", el detective de fama internacional (pero cuya identidad es un misterio) que se dedica a resolver sólo los casos más difíciles a nivel mundial. Dotados de la misma y brillante capacidad deductiva y de raciocinio, Kira y L se enfrascan en un duelo intelectual de proporciones épicas para desenmascararse mutuamente, mientras que ambos reclaman para sí el título de ser la justicia.

Así comienza "Death Note" (2006), el último gran anime que he visto (gracias por recomendármelo, Daniela) y todo un fenómeno en su género. Elevado a los altares por la fanaticada otaku, es tal su éxito que en Japón ya se han estrenado dos adaptaciones cinematográficas (hay una tercera en preparación) y su merchandising inunda todas las tiendas de Oriente, siendo las réplicas de los cuadernos de los shinigami su producto más vendido.

Basada en el manga homónimo creado por Obata Takeshi y Oba Tsugumi, "Death Note" se divide en treinta y siete episodios de veinte minutos cada uno. La serie atrapa de inmediato al espectador gracias a su argumento profundamente imaginativo, impresionante ritmo narrativo y el perfecto delineado de sus protagonistas (hasta los personajes secundarios tienen su momento de gloria). Es impecable también desde el punto de vista técnico, pues todos sus componentes están diseñados de forma memorable. Además, la animación es fluida en extremo y presenta unos planos tan originales que podrían sonrojar de envidia a muchos directores de cine. La suma de todos estos factores lo hacen, a mi entender, el mejor anime de la década. Imprescindible.

Recomiendo que vean "Death Note", les garantizo que les gustará (incluso a los que no están familiarizados con el género). Dicen que el manga es incluso más grandioso, espero conseguirlo muy pronto.


Jorge Luis Gutiérrez Torres

Thursday, May 29, 2008

Guau, guau


Ésta ha sido, sin duda alguna, una semana canina, tanto desde el punto de vista público como desde mi punto de vista personal.

He decidido comprarme un perro. Será un ovejero inglés, y llevará como nombre Ralph (me gusta el nombre). Ya está separado y lo recogeré el día domingo. Felizmente, no es muy caro (es bastante barato, inclusive), y estoy contento, porque desde hace mucho tiempo deseo tener un perro, y mis sobrinos también lo esperan ansiosamente.

Me encantan los perros, siempre los he considerado animales preciosos y una excelente compañía. Por ello, fue chocante escuchar la noticia del canicidio perpetrado por el Congresista Miró Ruíz contra un bello schnauzer de nombre “Matías”. Y, sin embargo, a pesar de mi cariño por estos animales, consideraba que éste no era más que un tema anecdótico, propio de nuestro folklore, y que debería quedar en las páginas interiores de los diarios. Me equivoqué.

Durante los días siguientes, la cara de un schnauzer o la cara de Miro Ruíz aparecían en las portadas de los diarios de mayor circulación de nuestro país, relatando los nuevos hechos descubiertos sobre la tragedia del pobre can, los balazos recibidos y las excusas del legislador (fue en venganza por la muerte de un pato, dijo).

Sorprendía además que la referida noticia se diera y se discutiera en circunstancias en las cuales nuestro ministro favorito, Luis Alva Castro, volvía a mentir en el Congreso, o cuando se encontraban fosas comunes con cuerpos de niños y mujeres en Putis.

¿Por qué la noticia de la muerte de un animal es el tema de la semana? ¿Por qué la gente hace protestas por la muerte del buen Matías? ¿Por qué en el congreso se forman comisiones investigadoras? ¿Por qué no se censura a Alva Castro? ¿Por qué no se protesta por los muertos de Putis? ¿Por qué los periodistas son tan incapaces?

No me queda duda, Miró Ruíz es un pobre idiota, y, aunque no se puede culpar al burro por tener el cuello largo y la inteligencia corta, habrá que sancionarlo, aunque lamentablemente su estupidez haya servido para aquellos interesados que prefieren el silencio respecto de los temas realmente importantes.

Ciertamente, todo este circo llama a la suspicacia, y si a esto le sumamos el disparate de que se organice las Olimpiadas en una de nuestras ciudades en el 2020, las sospechas cobran cada vez más fuerza.

Pobre Matías. Pobre Miró. Pobre Perú.


Jorge Ágreda Aliaga

Wednesday, May 28, 2008

I me mine…


Afortunadamente -o por desgracia- siempre he sido lento para entender, siempre me he tomado todo el tiempo del mundo (como si lo tuviese) para pensar las cosas que pasan y aprender de cada una de ellas. Probablemente, en mi ignorancia sea un budista insipiente o sencillamente me guste vivir a modo pausado. Hasta donde recuerdo, todo el tiempo he disfrutado cada paso, color, sabor, sensación e incluso aroma y temperatura que he podido alcanzar con mis sentidos. Puede que por eso mi aprendizaje y memoria sean lentos, porque tiendo a acumular la mayor cantidad de información posible de un instante o momento, como si fuera una especie de satélite que recoge los datos de cada sistema por el que navega en el espacio.

Lo anterior no es más que una descripción de mi sentido de la vida, puede que no sea maduro, puede que no sea pulcro o culto en su contenido –según los estándares de calidad comúnmente aceptados-, sin embargo, me enorgullezco de su sencillez por una sola razón: Siempre he podido aceptar las cosas, los hechos y a las personas tal cual son en su plena forma de existencia, sin la necesidad de esperar algo definido de ellos o por tener algún interés especial. Simplemente quiero porque quiero.

Esto, aplicado a las relaciones humanas, creo que me ha permitido aceptar a mis amigos, familia e incluso “enemigos” en su verdadera dimensión, tal cual son, apreciándoles y sobre todo respetándoles por lo que fueron, por lo que son o por lo que quieren ser. De eso se trata todo en la vida, de un interminable cruce y entrecruce, cada cual con su propio conductor y sobre todo cronista, que percibe los hechos e información que acontecen en su vida de manera única y distinta, pero que tiende a contarlas a su modo y beneficio, recordando u omitiendo lo exacto que se ajuste al interés personal.

Si pudiera definirme con una sola palabra, esta sería: observador. Pues eso hago y he hecho siempre, añadido a eso. También, como humano que soy, estoy expuesto a mi necesidad de comunicación, de expresión; cada vez o cada cuanto que lo hago puedo sostener lo dicho ante quien lo dije e incluso ante quien no estuvo cuando lo dije, más aun si se trata de esa persona, así mismo aceptar que me equivoco y aprender algo nuevo de quien me pueda enseñar. Reconozco ser, dentro de mis expectativas, muy imperfecto aún y estar muy lejos de lo que realmente aspiro a llegar a ser como ser humano, pero me alegra mucho no haberme desconectado de mí mismo, seguir adelante sin envidias o rencores, sin olvidar a quienes me tendieron la mano y sobre todo recogiendo experiencias.

No somos nada más que seres en un constante devenir sin control real de la propia vida. Manejamos solo algunas situaciones de nuestra existencia, pero consideramos ello como el éxito en sí mismo y como prueba de la realización personal. No obstante, en realidad, no dejamos de ser algo ínfimo ante lo inconmensurable del universo, frente a lo cual lo único valioso que tenemos son nuestros recuerdos, nuestras sensaciones y sobre todo nuestros afectos. Como dijo mi abuela antes de morir: “Hijos, de nada les va a servir acumular el dinero, conocer gente famosa que cuando sean viejos nadie sabrá quienes son, ni buscar la fama o aparecer en libros y periódicos que nadie leerá o que con el tiempo serán reemplazados por otros. Cuando estén por morir, como yo, se darán cuenta de que nada de eso se van a llevar y lo único que tendrán en su lecho con ustedes serán sus recuerdos, recuerdos de las comidas que probaron, los lugares que vieron, las cosas que sintieron, los afectos que recibieron, pero, sobre todo y más importante, el cariño y respeto que dieron a los demás”.

Probablemente nadie encuentre sentido a lo que escribo hoy, incluso uno que otro por ahí encontrará más de una forma de obtener risas con ello. Sin embargo, solo trato de acusar el hecho de que muchas veces encubrimos una inmensa soberbia dentro de una falsa modestia. ¿Señores, qué se le hace? No se puede culpar al cerdo por tener el cuello corto, solo apreciarlo porque, al menos, servirá para hacer chicharrón (algo bueno siempre se aprende y se saca de todo… quizá hasta de este texto también).


Ricardo Castellanos Habich

Saturday, May 24, 2008

Cambios


El tiempo transcurre y nos hace sus víctimas, no hay escape posible, y ello se manifiesta en lo que fuimos, en lo que somos y en lo que nos convertiremos, a veces para bien, a veces para mal. “¡Has cambiado!” me dicen algunos, y sí, es cierto, felizmente lo he hecho. No puedo pretender seguir siendo aquel jovencito de diecisiete años que creía saberlo todo, cuando han pasado diez años y me he ha dado cuenta de que en realidad sé muy poco.

No puedo seguir viviendo esperando ansiosamente la noche (cualquier noche) o el fin de semana para ir a buscar a cualquiera que esté disponible para alcoholizarse y hablar de las mismas tonterías de siempre, tener como único motivo de orgullo la cantidad de cervezas que la cabeza pueda aguantar y hacer que eso sea el motivo de la existencia. Ahora, salgo de la oficina, cansado, preocupado en cómo pagar las cuentas, en cómo poder mejorar mi nivel de vida, en cómo ser un mejor profesional, pensando la manera de afrontar el día siguiente de trabajo, pero al mismo tiempo con ganas de ver a mis seres queridos y dedicarles un poco de tiempo. ¿Cómo puedo seguir siendo el mismo si mis motivos, mi vida y mis intereses han cambiado?

El tiempo pasa y las amistades, como todo en la vida, nacen y mueren. En los últimos tiempos he perdido “amigos”, porque simplemente nuestros intereses divergieron, porque simple y llanamente nuestros mundos dejaron de ser compatibles y porque hay circunstancias adicionales que así lo han determinado, como la pérdida del respeto. Lamentablemente, los escenarios no fueron los más amables, tal vez por mi culpa, lo reconozco, pero no sólo por ella. Ciertamente, a veces suelo ser una persona agresiva y que en las discusiones no sólo trato de destruir los argumentos del adversario, sino también al adversario mismo. Es una falla de mi carácter, que espero algún día poder solucionar.

Pero no hay mentira al decir que los errores también han venido de la otra parte, por debilidades, mezquindades, pérdida de contacto con la realidad, comentarios malintencionados a mis espaldas, entre otros. Claro, sorprende que las personas más hipócritas sean tan cínicas de hablar de hipocresías, que el victimario se ponga en plan de víctima, pero ya nada sorprende dadas las circunstancias actuales.

Y, sin embargo, a pesar de las amistades que mueren, también hay de las que nacen y otras que permanecen incólumes a pesar del tiempo. Amistad como la que tengo con Abraham, el mejor de mis amigos, aquel cómplice en aventuras desde hace diez años, y que sin duda es la persona de mi generación a la que más respeto y admiro. Pero además puedo hablar de aquellas que nacen poco a poco y se hacen entrañables, como las que ahora guardo con Marco, con Eric, con Hugo, con Óscar y con Aníbal, o aquellas que se renuevan a pesar de las dificultades, como la que mantengo con Jorge Luis o como la que espero renovar en algún momento con Hernán. Y ello sin contar de las amistades que mantengo con otras grandes personas, mayores que yo, maestros míos, y que han hecho tanto por mí.

Ahora, no creo que los diez años de amistad supongan una fecha de caducidad, creo más bien que este lapso (tal vez demasiado largo) ha permitido conocernos mejor, mostrar nuestras verdaderas caras (aunque algunos tengan más de una), nos ha mostrado quiénes somos realmente, saber lo que queremos y hacia dónde vamos. Y, después de eso, ahora ya podemos estar seguros de que han sobrevivido sólo las amistades verdaderamente forjadas, sin envidias, sin rencores. No se trata pues de mantener una amistad por lo mucho que haya durado ésta, por lástima o por temor de hacerle daño a alguien, se trata simplemente de tener al lado a personas en las que uno pueda confiar y que a su vez puedan contar con uno, porque todo es parte de nuestro cambio constante, de nuestro crecimiento.

Y para terminar, a las amistades muertas: Que descansen en paz, tal vez este texto sirva como un buen epitafio. A las amistades de siempre y a las recientes: Simplemente, un abrazo.


Jorge Ágreda Aliaga

Friday, May 23, 2008

No quiero quemarme

No puedo creer, doctor, que se quede dormido en las audiencias. ¿Me estás hablando en serio? Te lo juro, mi hermano. Incluso a veces se recuesta con el gordo, y los dos roncan. Imagínate, profesor universitario y todo. Bueno, doctor, esto último hoy en día tampoco es garantía. Basta una pequeña ayudita y cualquiera dicta un curso hasta en las más prestigiosas y renombradas universidades de Lima. En mis tiempos no era así. Las canas son importantes, como las que usted y yo nos manejamos.

Es increíble. No cabe duda que el arbitraje se ha desprestigiado mucho. Es como todo en la vida, hay árbitros, y HAY ÁRBITROS. Hoy casi todo es influencia y otras cosas. Parece que lo importante es cobrar los honorarios, y luego no trabajan, no revisan lo que firman, no están incluso preparados en las audiencias, recién revisan el expediente con detenimiento antes de laudar. Ah, y lo peor de todo, es que se dilatan los procesos como si uno estuviera ante el Poder Judicial. Es que los honorarios de los árbitros responden a un interés superior. Usted debe entender eso, señor. Por eso, si no se paga, el arbitraje no avanza. Así tiene que ser. Me parece una buena regla. No hay derecho, caracho, que se trabaje sin cobrar. Luego nos cae la OIT.

Al menos hay nivel en los árbitros, mi hermano. También discutible, doctor. A veces uno recibe decisiones que nos hacen reflexionar si no son –quizás- necesarias unas cortas pero intensivas clases de algún curso determinado.

Oye, mi estimado, y qué respuesta te da cuando lo llamas y le preguntas por el error que se ha cometido, o la arbitraria decisión que se ha tomado; al fin y al cabo, más allá de la sabrosa imparcialidad, ¿es árbitro de parte no? “No quiero quemarme”. Ay, viejo, los honorarios no se negocian, se toman o se dejan.


Hernán Jordán

Contraindicaciones


El querido Octavio Paz dice, en La llama doble, que el amor cuestiona y suspende el tiempo; lo contrasta con su propia fugacidad. Pero el amor, hecho de tiempo al fin, no escapa del fracaso ni del deterioro, sino que muere o bien se transforma en algún otro sentimiento (menos fuerte, mas no por eso menos duradero). El tiempo lo destruye todo. Aplicada al amor, no es menos cierta la última frase que se lee en la película Irreversible.

La amistad no tiene esas dificultades. Es como la viejecita del ejemplo de Habermas para la tradición: cuanto más encorvada esté, tanto más fuerte. El tiempo no lesiona la amistad, y nosotros, los Evaídos, queríamos cobrar esa victoria.

En marzo de este año se cumplieron diez años de haber ingresado a la Universidad Católica, y diez años también, lo creíamos, de saludable y fuerte amistad. Por eso algunos estábamos entusiasmados con la idea de celebrar la fecha. Reunidos en mi casa, recordaríamos los inicios, las primeras bromas, los proyectos estancados o por retomar. Lamentablemente me enfermé por aquella época y tuve que postergar el día. Luego llegó abril, no mis ganas.

Si bien con altibajos, cuánto daño le hizo después esto de festejarla. A partir de allí he visto con tristeza como ha surgido entre algunos de mis amigos un conjunto de conflictos que, para ellos, la han desmoronado aparatosamente. Ahora pienso que tal vez no era un aniversario, sino una fecha de caducidad que, con ingenuidad, activamos. ¿Podrán recomponerse los afectos? Desearía decir que sí, si no conociera a mis amigos.

La amistad se impone al tiempo, pero nada la malogra más que el inocente deseo de detenerse en su aniversario. Pase, usted, mejor de largo.


Abraham García Chávarri

Thursday, May 15, 2008

K, la familia y los 4 fantásticos


¿De qué vale la pena escribir en esta primera ocasión que me animo a hacerlo?

Definitivamente, no pretendo escribir sobre algún tema rebuscado o que pueda cambiar la percepción de la gente hacia uno, como es evidentemente el objetivo empecinado de algunas personas, que apreciamos lo intentan -una y otra vez- en las columnas que encontramos en los periódicos, o en los mismos textos que se cuelgan en los innumerables blogs que existen. El afán de sentirse culto.

Me imagino a alguno por allí, sentándose a escribir frente a su monitor, y diciéndose a sí mismo que lo que va a iniciar a escribir debe de ser el texto que lo identifique en adelante. La palabra exacta en la ubicación precisa, con el significado confuso que obligue al lector a acudir al diccionario. No sé si yo podría hacer eso. Primero, no puedo (no he leído tanto), y, segundo, no me provoca.

Sin tanto tiempo por el trabajo, se me ocurrió tan sólo escribir en breves minutos lo que siento o pienso sobre algún tema en particular, en palabras sencillas y directas. ¿Escribo sobre política? ¿Escribo sobre fútbol? ¿Escribo sobre cine? ¿Escribo sobre Derecho? Estas son finalmente las pasiones que comparto con muchos de mis amigos más cercanos, y que leen y dan sus opiniones en este blog. Confieso que no sé de qué diablos escribir. Leí hace poco un buen artículo de un amigo sobre una reciente película que todavía está en la cartelera limeña, Ironman. Dicho texto no solo me gustó, sino que me ha animando a escribir estas líneas.

Ya lo sé. Quiero compartir tan sólo tres cosas con quienes lean lo que tengo que decir. Las tres cosas más importantes para mí.

En primer lugar, mi esposa K, a quien amo con toda mi alma. Es muy difícil encontrar a la persona con la cual uno pueda decidir compartir toda una vida. A mí me tocó. Yo al menos creo en el matrimonio, y estoy convencido que una clara muestra de ese pleno compartir es unirse legalmente a alguien. Por eso K me hace darme cuenta que sí es posible enamorarse para siempre. Despertar cada día a su lado me llena de felicidad y es lo que me da las fuerzas para seguir adelante. Comparto que teníamos un sinnúmero de proyectos al momento de casarnos, los cuales no hemos dejado de lado, pero hoy hemos tenido que posponer muchos de ellos por diversas circunstancias. A veces uno piensa que las cosas saldrán de tal manera, y termina estrellándose con la cruda realidad. Igual uno se levanta, y qué mejor si uno tiene a esa compañera al costado, en la cual uno se apoya y siente a su vez su amor incondicional. Cómo no creer en el amor, cuando uno realmente lo encuentra en la vida. Si puedo definir a K, sería eso, completo amor; y lo más fantástico que me ha pasado, conocerla y unirme a ella.

Por otro lado, quiero referirme, en segundo lugar, al amor que tengo por mi familia. Mis papás y mi hermana. Hoy lamentablemente los veo poco, o mejor dicho, no con la frecuencia que me gustaría. A veces un día durante la semana puedo escaparme para almorzar, o paso un sábado o un domingo con ellos. Hasta hace poco más de un año los veía todos los días. El matrimonio y el trabajo cada día más intenso que tengo -y también por dejadez mía, lo acepto-, me han alejado en cierta medida. Los extraño. No sólo sus consejos y cariño, por supuesto; sino también, hasta cierto punto, cosas que pueden parecer triviales. Extraño a mi mamá sentándose conmigo a conversar mientras me servía mi comida, el clásico bistec con papás fritas y arroz. Extraño “agarrar” El Padrino con mi papá en la tele y verla enterita sin importar la hora en que termine. Extraño las locuras de mi hermana. El estar lejos de ellos me ha hecho ver, aún más, lo importante que son en mi vida y cuanto los quiero.

Finalmente, no puedo dejar pasar la oportunidad para referirme a tres maravillosos amigos muy especiales para mí. E, M y G. Conmigo, los cuatro fantásticos; aunque es probable que dentro de unos meses uno de ellos nos deje por un tiempo, y pasemos a ser quizás momentáneamente los tres mosqueteros. No nos vemos con la misma frecuencia de antes, pero las vivencias que hemos tenido y el real cariño que sentimos entre nosotros, hace que esté seguro que seremos mejores amigos para siempre. La verdadera amistad es tan difícil de encontrar. A veces no hay nada más importante que una verdadera amistad. No quiero pecar de exagerado, pero es el caso que un amigo puede ser tan necesario como un padre, una madre o una hermana. Eso se siente y se da. Comparto un ejemplo. Hace poco cumplí un año de casado, y no sólo estuvieron en la cena mis padres, suegros y cuñados, sino también estuvo mi mejor amigo en la modesta celebración. Alucinante. Eso es bacán. Me gustó. Me encanta tener tres amigos en los que uno puede confiar, sabiendo que siempre estarán para ayudarte y aconsejarte con sinceridad; dar y recibir cariño desinteresado.

Al final me doy cuenta que quería esto: escribir sobre las tres cosas más importantes para mí. A algunos les parecerá extraño leer estas palabras viniendo de quien escribe, pero, en fin, a veces la vida nos da sorpresas, sin necesidad de palabras rebuscadas o de difícil comprensión para muchos. Tan solo escribir lo que uno siente.


Hernán Jordán

Friday, May 09, 2008

Yo también quiero ser Tony Stark

No suelo ir al cine a ver adaptaciones de comics porque generalmente salgo muy desilusionado (aunque luego dejo que la piratería me permita rajar con propiedad). Mis amigos han padecido más de una vez mis diatribas que, como fan, lanzo hacia los realizadores y las majors cuando los resultados no se condicen con la leyenda de mis obras favoritas. Por ello, nada hacía predecir que me vería haciendo cola para la función de estreno de "Iron Man" en el Cine Planet de Plaza San Miguel.

Dos motivos me animaron finalmente a hacerlo. El primero fue Robert Downey Jr., uno de los intérpretes más sobresalientes de su generación, quien parecía haber nacido para encarnar a Tony Stark (con quien comparte más de un paralelismo). El segundo motivo, no menos importante, era mi esperanza que la cinta, al ser producida por la propia Marvel, sería lo más fideligna posible al original de lápiz y tinta. Y no me equivoqué.

"Iron Man" es, hasta la fecha, la película basada en un comic que mejor ha sabido aprehender la esencia de su protagonista. El film es muy respetuoso de sus fuentes, con alteraciones menores (pero necesarias para ubicar al héroe en nuestro tiempo) que no maculan la génesis del personaje. Esta alta fidelidad favorece al argumento, prácticamente sin fisuras, lo cual, complementado con un guión ágil y ameno (el reparto colaboró activamente en su redacción), basta para desterrar cualquier atisbo de bostezo de las salas de proyección. Hay que resaltar también el correcto uso de los efectos especiales, siempre al servicio de la trama y no mera pirotecnia audiovisual como en otras producciones del género. Además, para regocijo de nosotros los fanáticos, la cinta es pletórica de referencias al universo Marvel, anticipando la mayoría de veces acontecimientos futuros. Y no nos olvidemos del habitual cameo de Stan Lee, cuyas apariciones son cada vez mejor logradas.

El apartado sonoro, a cargo de Ramin Djawadi, sin ser extraordinario, emociona a ratos. Las que sí se llevan las palmas son las cañeras "Back in Black" de AC/DC y la infaltable "Iron Man" de Black Sabbath, esta última acompañando a los créditos de cierre (es una lástima que no fueran incluidas en el OST). A Tony Stark le gusta el rock, como no podía ser de otra manera, y no puede trabajar sin un equipo de sonido cerca reproduciendo sus canciones favoritas a todo volumen.

Pasando al rubro de las actuaciones, desde el gran Jack Nicholson y su inconmensurable Joker no veía a alguien que se compenetrara tanto con un personaje de historieta. Robert Downey Jr. ES Tony Stark. Un adorable canalla que destila cinismo y despreocupación a raudales y cuya afición por las mujeres y demás placeres sólo tiene parangón con su genio. Su vera efigie, pero sin drogas ni prisión de por medio. Ningún otro hubiera podido interpretarlo.

El resto del casting no desentona en absoluto, a pesar de lo reducido de sus roles. Un irreconocible Jeff Bridges luce brillante como el maquiavélico Obadiah Stane. A Gwyneth Paltrow le cae a pelo el papel de la diligente Pepper Potts. Hasta el director, Jon Favreau, se da maña de aparecer como el chofer y asistente personal del buen Tony, Harold "Happy" Hogan (si se sigue respetando la trama original, él tendrá una relación con Pepper Potts en las secuelas). Solamente no me satisfizo la caracterización de James Rhodes, no tanto por el trabajo de Terrence Howard, sino porque "Rhodey" (War Machine en ciernes) tiene un temperamento más serio y confrontacional en el comic, mientras que en la película luce como una suerte de hermano menor del protagonista.

Ojalá que en los siguientes capítulos se aborde el alcoholismo y demás demonios de Tony Stark, temas escabrosos suprimidos en esta primera entrega, a mi entender, para potenciar el lado encantador del personaje y conectarlo rápidamente con la audiencia. Ahora, a esperar por los demás productos de la factoría Marvel (aparentemente relacionados en su totalidad) pues, si se sigue por la senda de la fidelidad argumental, prometen ser verdaderos bombazos, como la cinta que acabo de comentar.


Jorge Luis Gutiérrez Torres

Friday, March 07, 2008

Café Amargo


La incursión del ejército colombiano en territorio del Ecuador ha generado una crisis en Sudamérica que no se veía, tal vez, desde el conflicto peruano ecuatoriano de 1993. Sin embargo, la coyuntura es completamente distinta. Aquella vez, el conflicto obedeció a una histórica pretensión territorial ecuatoriana, en cambio, en esta oportunidad, la tensión se ha debido a que las fuerzas armadas colombianas, con el objetivo de eliminar al número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ingresaron sin autorización en territorio ecuatoriano.

Algunos comentarios sobre éste y otros temas:

1. Hace pocos días, un diario capitalino, muy suelto de huesos, preguntaba a sus lectores si estaría de acuerdo con que Perú bombardeara territorio extranjero con el fin de eliminar terroristas. Obvia y lamentablemente, la respuesta fue abrumadoramente afirmativa.

Claro, a todos les suena lógico, hecha así la pregunta es como preguntar si estamos de acuerdo con que alguien entre a la casa del vecino para capturar al ladrón que acaba de robar en su casa: todos dirían que sí. Sin embargo, no se puede ser tan simplista, tan abiertamente manipulador.

Me pregunto, y con esa misma lógica, ¿realmente existe alguien que pueda estar de acuerdo en bombardear Chile o Brasil si supiéramos que terroristas peruanos se esconden en su territorio? ¿Alguien estaría de acuerdo con algo tan descabellado o estúpido como eso? Sin embargo (por algún menosprecio no tan oculto), y con el objeto de sesgar la idea, el ejemplo propuesto por el director del diario en mención era el de “bombardear” Bolivia. (Léase http://www.correoperu.com.pe/paginas_columna.php?columna_autor=Aldo%20Mariátegui&seccion_nota=8&nota_id=64001).

El objetivo está sobre la mesa: “defendamos el status quo con cualquier argumento, no importa lo idiota que éste sea, siempre habrá alguien igual de idiota que se lo crea”.

2. Las FARC son una organización terrorista, a mí no me queda ninguna duda de ello, pero no son las únicas. Son tan terroristas como los grupos paramilitares auspiciados por el propio Uribe, y también tan terroristas como Al Qaeda, como los bombardeos de zonas civiles en Irak por parte de los EE. UU., como el reciente atentado en Israel, como los soldados israelíes que asesinan niños palestinos, como Sendero Luminoso, como Pinochet, como el Grupo Colina, como la hiperinflación de los ochentas y otros tantos más.

Y, sin embargo, la definición de “terrorismo” ya no es la que aparece en el diccionario o la que establece la ONU, sino que depende de muchas variables y de acomodos diversos. Ahora (y creo que desde siempre), no importa lo que uno haga, sino de lado de quién se está para ser calificado como “bueno” o “malo”. Y, tales criterios, son los que les importan a nuestros “líderes” de opinión.

3. El incidente nos ha traído bastante información, que requiere un análisis un poco más profundo de lo que a primera vista se podría uno permitir.

Por ejemplo, sería estupendo que alguien nos explicara cómo, después de un bombardeo que eliminó a todos los terroristas de las FARC señalados, quedaron intactas tres laptops (sólo Dios y Uribe saben por qué en medio de la selva un comando terrorista las necesitaba) con información que incriminaría a los presidentes de Venezuela y Ecuador (como bien ha anotado César Hildebrandt en una afilada columna: http://diariolaprimeraperu.com/online/noticia.php?IDnoticia=11987).

También llama a suspicacia el hecho de que las FARC presuntamente habrían adquirido cincuenta kilogramos de uranio enriquecido de parte de Venezuela (¿las nuevas armas de destrucción masiva?), o que siendo supuestamente “narco-terroristas” con un manejo importante de dinero, requieran del gobierno venezolano para que les done trescientos millones de dólares. Pero no hay tiempo para suspicacias.

Y claro, tampoco se señala que esta operación se haya llevado en precisos instantes en los que Uribe pretende re-reelegirse (cualquier parecido con la reciente historia peruana no es pura coincidencia), ni semanas después de la liberación de rehenes sin la participación del gobierno colombiano.

Tampoco se informa que aparentemente Uribe fue primo de los fallecidos capos del narcotráfico Pablo Escobar y Jorge Luis Ochoa, ni que varios de los congresistas de su partido político han sido vinculados a grupos paramilitares y al narcotráfico.

Obviamente, no se pueden decir tales cosas, porque después de todo Colombia es un aliado (¿por qué es un gobierno de derecha?, ¿por qué junto con ella, somos los engreídos de Bush en Sudamérica?, ¿por ambas razones?), y es más fácil atacar las locuras de Chávez.

El silencio es la consecuencia cuando tenemos una prensa rastrera e ignorante, con ¿periodistas? que señalan escandalizados la inflación y la especulación en Venezuela, pero se niegan a ver las atrocidades que el gobierno de EE. UU. comete en Irak.

4. Una idea muy común en los últimos días es la referente a los titiriteros y marionetas. Uno puede escuchar y leer en nuestra independiente y desinteresada prensa, que Correa, Ortega y Morales son los pobres títeres del terrible Hugo Chávez, y es cierto en mayor o en menor medida, lo son. Y, sin embargo, podemos ver que pocos han sido los que han señalado que también hay otros que merecen tales calificativos (recomiendo vivamente dos caricaturas del gran Carlín, del 5 y 6 de marzo: http://www.larepublica.com.pe/component/option,com_humor/id,31).

Seamos honestos, Uribe y otros más también son simples marionetas de un poder (económico y bélico) superior, llamado George W. Bush.

Y realmente no sé qué es peor (pero sé que ambas cosas son malas): ser marioneta de un tiranuelo con delirios de grandeza y mucho dinero y petróleo pero muy pocos modales e inteligencia, o ser marioneta de uno de los más grandes asesinos de la historia. Pero es una pregunta que no mucha gente se plantea, ¿por qué? La respuesta es obvia, después de todo, el Perú (y el sueldo de muchos periodistas) depende más que nunca del buen humor de los gobernantes de EE. UU.

Aparentemente, el impasse fue superado con un hipócrita abrazo entre Uribe y Correa, pero es mejor ahora que después, ya que en caso de un conflicto bélico, sin duda EE. UU. ingresaría a éste, en su papel del gran policía (corrupto) del mundo, que sólo ayuda a los que están de su lado y golpea a fuertes macanazos a los que no, sin importar si lo merecen.


Jorge Ágreda Aliaga

Uno más

El sábado nueve cumplí 28 años. Salvo de niño, cuando los padres aún deciden por uno, nunca había celebrado el día de mi nacimiento. Y es que no encuentro en la fecha en sí –y en todas las demás también- mayor sentido. Aquí coincido con mi hermano, con quien, más que aficiones, comparto desagrados comunes: la cerveza, el fútbol, los finales felices en las películas, los que no apagan sus celulares, las mascotas y los aniversarios. Salvo la Grecia antigua, Pacino, el Adagio de Albinoni y los rostros tristes de cabello negro, nuestros pareceres siempre son dispares, y muchas veces conflictivos.


Creo que fue un buen cumpleaños. Me levanté temprano. Cociné. Aunque no la contesté, recibí la llamada que esperaba y fui feliz. Lo pasé en distintos lugares con mis amigos que se iban sumando. La ruta era la del Pisco Sour y sus variantes. Ganó el Meliá.


Los festejos acabaron en silencio, literalmente. Nadie dijo una palabra en el trayecto que va de El Silencio a Lima. En realidad, no se podía emitir sonido alguno sin temer ser lanzado, con sobrado merecimiento, del auto que aceleraba y aceleraba. No se puede ser Evaído sin ser complicado.


Sin embargo, desde el domingo por la tarde estoy muy ocupado con mi muerte. Fina cortesía de mis ficciones, me he debatido entre una apendicitis y un aneurisma, el esbozo de parálisis de una mitad de mi cuerpo y más de un hincón cardíaco. No he contestado correos electrónicos ni llamadas telefónicas. He estado muy fatigado con los detalles de mi capilla ardiente.


Soñé que, diagnosticado de cáncer avanzado, estaba en el quirófano. Sé que no despertaré luego de que cuente uno, dos… tres… El sábado nueve cumplí 28 años y no vuelvo a celebrarlo.


Abraham García Chávarri

Thursday, February 21, 2008

El día que me agarró el paro





















Taximula. Pasaje: 1 sol. Recorrido: hasta donde se plante el animal.

Una y diez de la mañana del lunes dieciocho de febrero. El bus de Erick el Rojo se detiene en el peaje de Huarmey. Siento el motor que se apaga y me despierto. Había salido hacía unas cuatro horas de Lima con destino a Trujillo sin reparar en un pequeño detalle: el paro agrario indefinido. Comenzaba mi odisea.

Bajé del bus a inspeccionar el área. Una hilera de buses y camiones (cientos de ellos, según dijeron las noticias) copaban, atravesados como les diera la gana, los dos vías de la Panamericana. Por precaución hicieron detener los buses en el peaje, como a seis kilómetros del puente donde los agricultores (y algún que otro delincuente) habían cerrado el paso con grandes piedras y postes de luz. Caminé hacia el primer bus de la fila; unas pocas mototaxis ofrecían sus servicios: cinco soles por persona hasta el puente en disputa, cuando normalmente cobraban sol cincuenta por carrera. La oscuridad y la pinta de los mototaxistas me hicieron desconfiar. Pensé que sería mejor regresar a dormir y de repente al amanecer encontrar que ya todo se había solucionado. A las seis y treinta de la mañana, después de hacer algunas llamadas de rigor desde mi celular, comencé la caminata. Las mototaxis habían bajado la tarifa a tres soles, tomé una en compañía de dos personas más de mi bus (uno de los cuales se convertiría en mi compañero por el resto del viaje). Nos dejaron como a veinte metros del puente. Los revoltosos les gritaban a los mototaxistas, a manera de broma, que “paguen su peaje”. De pronto, varios dejaron su trinchera y caminaron hacia los mototaxistas, quienes al percatarse huyeron despavoridos, excepto uno que cometió la torpeza de recoger un pasajero. Los revoltosos tomaron la mototaxi y la voltearon con pasajero y todo, después empezaron a destrozarla ante la súplica inútil del propietario. Ahí me di cuenta que estos tipos de bromistas no tenían nada. (Siempre que uno está en mancha se envalentona y saca lo peor de sí.) Me dio pena por el pobre hombre, pero yo tenía que seguir mi camino.

Caminé algunos kilómetros con mi ocasional compañero hasta el atolladero de buses que venían de norte a sur. Algunas station vagon ofrecían sus servicios entre los pasajeros varados: diez lucas hasta Casma, pero yo la logré sacar por ocho. Una vez en Casma tomé otra station hasta Chimbote. Diez lucas sentado; cinco lucas en la parte de atrás, cual bulto. Hay que ser ahorrativo, pues. A mitad de camino, mientras mis piernas ensayaban diversas posturas para no ser atrapadas por el calambre, nos sorprendió una pequeña barricada. Varios delincuentes (porque de agricultores no tenían nada) nos amenazaron con piedras. Sólo cuando una señora enseñó imprudentemente a su bebé, mientras gritaba “¡hay niños, hay niños!”, parecieron calmarse. Previó cobro de "peaje" nos dejaron pasar. Con mi compañero fuimos los últimos en bajar del station en el centro de Chimbote. El chofer nos pedía una luca más por la propina ("peaje") no prevista. Pensé en huir pero el calambre no me lo permitió. Caballero nomás. Mi compañero fue más conchudo y se bajó rengueando sin hacerle caso. Caminamos varias cuadras medio saltones. Chimbote es una ciudad bien brava; mucho más que el Callao (que me disculpen los chalacos y los falsos chalacos). Convenimos no ir al terminal de buses pues era una pérdida de tiempo. Nos habían dicho que la parte más fea estaba en Chimbote, que pasando el túnel estaba cerrado y no pasaba nadie, ni el Papa. Y que asaltaban.





















Caminando en medio del desierto.

Tomamos una combi hasta Coishco: un pueblito rumbo al norte, pasando el túnel. Al llegar divisamos los buses y camiones atollados. Empezaba nuestra caminata, unos veinte kilómetros intransitables. Cada cien o doscientos metros la Panamericana estaba interrumpida con piedras o postes de luz, además de varios "chistosos" que se te quedaban mirando feo. Mi compañero y yo nos unimos a un grupito de tres mochileros buscando seguridad. Atravesamos varias barricadas bajo el sol abrasador del medio día y el humo de las llantas quemadas, siempre alertas. Cuando la deshidratación ya no nos permitió avanzar, nos paramos en un puestito de comida y marcianos. El menú era cebiche con tallarines rojos y papa a la huancaína. Nunca había comido algo así a pesar que en Lima lo ofertan en cada esquina del centro, pues me parecía una combinación espantosa. No sé por qué ahí no me importó: la verdad los comí rico. Después pedí marcianos: tres por cincuenta. ¡Sí, tres por cincuenta! En Lima te venden cada marciano a china. ¡Qué abuso! Acá podía comer cuantos quisiera. Pedí un montón. De maracuyá, eso sí. Era como estar en el cielo... Pero nada dura para siempre. Más adelante los encontré a diez céntimos y sentí que me habían estafado.

Cuando estábamos retomando la caminata nos dio el alcance un grupo de cinco personas, entre ellas tres mujeres. Nos contaron que nos venían siguiendo desde Coishco pero siempre nos adelantábamos. Estaban muy temerosos de que les pasara algo, sobre todo las chicas. Seguimos la caminata hasta que nos topamos con un niño en su carreta, su mula y su perro. Le pedimos una carrera. Así tomamos la "taximula". Pero el animalito no avanzó más de dos kilómetros y se detuvo en una cuesta (también que éramos diez puntas más el niño-chofer, el perro sí iba a pie, o mejor dicho a patas). Pagamos la mitad de lo convenido y seguimos caminado. Nos topamos con un par de peleadores callejeros que no nos prestaron atención, unos tombos que veraneaban mientras tomaban su gaseosa "Sol de Oro" y unas motos que ofrecían llevar a las damas a "donde había carro", pero éstas no aceptaron. Después hicimos unas carreras cortas en un camioncito y en trailer, para terminar botados en medio de la nada, en el desierto. Cándidos, creíamos llegar caminando hasta el próximo pueblo: Chao. Gracias a Dios pasó un camioncito que llevaba nidos para gallinas y nos recogió. El chofer nos tildó de locos y nos llevó hasta Chao en treinta minutos. Obviamente, a pie, no llegábamos nunca. En Chao la cosa ya era diferente. Estaba a poco más de una hora de Trujillo. Y, aunque en la misma ciudad los disturbios estaban a flor de piel, una vez salvada la zona “roja” la carretera estaba libre hasta el destino final.

Para qué voy a negarlo: todo fue muy duro; pero no me puedo quejar de nada, excepto por el tramo final. Subí al micro, pagué mis tres lucas, me despanzurré en dos asientos (mi compañero de viaje -y casi amigo- hizo lo mismo) y me soplé –enterita- la película que pusieron: “Peloteros”. Definitivamente, lo peor del día.

Oscar Aybar

Wednesday, January 16, 2008

Yo también fui campeón del mundo

Es difícil pasar el tiempo cuando estás encerrado. El fulbito, el ajedrez, la timba y –sobre todo- las largas conversas con tus compañeros se convierten en pan de cada día. En una forma de ir ocupando el tiempo y de hacer “buenas migas”, hasta que salgas de nuevo al exterior. Yo tuve suerte. Habían varios peruanos en la Estación Migratoria de Iztapalapa cuando llegué, la mayoría gente chévere que me recibió muy bien. Todas las mañanas, después del desayuno, armábamos nuestro equipo y esperábamos al lado de la canchita de fulbito para el “reto” respectivo. El día anterior habían ganado (yo todavía no estaba) a cuanto rival se les puso en frente. Hoy ya estaba ahí, esperando, impaciente, con todas las ganas de mostrar mi talento innato, pero me tendría que conformar con dar las indicaciones técnicas al equipo, es decir, “calentar banca”. El árbitro, un negro de Belice que a las justas masticaba español, iba coordinando todo: convocaba los equipos, cazaba el dinero de las apuestas y cobraba sus cinco pesos por partido arbitrado. Aunque tenía pinta y fama de mafioso, casi siempre se mostró imparcial.

Los primeros retadores fueron unos guatemaltecos (chapines, como se les conocen) que armaron un equipito fulero; los despachamos en un dos por tres. Después vino un combinado con lo mejor de Centroamérica (básicamente, guatemaltecos y salvadoreños con algún panameño o nicaragüense colado), pero como eran un montón armaron hasta un equipo “c”, y tenían harta barra. Igual les dimos curso uno por uno. Cabe acotar que hasta el momento no había jugado ni un solo minuto. Nuestro equipo lo conformaban un par de hermanos de Carabayllo: el arquero que conocían como “Ibáñez” y un delantero que no recuerdo como se llamaba ni como lo apodábamos. Ambos tan flacos que parecían tísicos, pero que pisaban pelota que daba miedo. En la defensa, mi pata J. G., de Zárate, con una técnica exquisita y con un temple de hierro, no arrugaba nunca (a pesar de no ser tan alto), ni cuando se enfrentaba a los endiablados africanos. Los otros dos cupos eran rotativos, habían varios que se peleaban el puesto: uno de Barrios Altos, otro de Puente Piedra, otro de Arequipa, otro de Chimbote, y así sucesivamente hasta llegar al patita de Surco Viejo, ósea yo.

Ya llevábamos cuatro partidos al hilo cuando salieron los “monitos” a retarnos. Toscos, duros, no daban una pelota por perdida nunca; pero sin la técnica ni la maña peruana. Perdieron, pero nos hicieron sudar. (En mi caso en sentido figurado, pues todavía no jugaba.) Después siguieron los boliches. Pan comido. Éramos el dream team. Fue ahí cuando vimos a la verde amarella calentando al lado de la cancha. Su mancha llegaba al centenar de personas. Casi todos jugaban fútbol, así que podían armar cuantos equipos quisieran. Después de una pequeña disputa interna sacaron el que decían era su primer equipo, a pesar de algunos resentidos que se sintieron marginados injustamente. Todo el corralón de Iztapalapa se reunió alrededor de la cancha, los migras -desde el techo- miraban atentos. Era el invicto Perú contra los pentacampeones del mundo. Diez minutos completos de juego fue lo pactado. El negro de Belice hizo sonar el pitazo inicial. Un partido de ensueño, jugadas de lujo, rapidez mental y física. Cada pelota disputada al máximo, pero con maestría. Perú con tres pulmones: parecía nuestro primer partido. Al final, dos a dos cuando sonó el silbato. Perú gana con el empate; pero no, dijimos. Diez minutos más, pues. Y fue cuando sucedió: mi amigo J. G. sale con clase y supera a dos brasileños, pasa la media cancha y lanza el zapatazo. El balón dibujó una curva impresionante. Un golazo. Faltando un minuto metimos otro. Cuatro a dos y partido resuelto. Después los marginados del pentacampeón armaron su equipo “b”, pero por algo los habían hecho a un lado. No eran mejores que los primeros y perdieron más fácil, a pesar del cansancio de nuestro equipo. Ahí vino el combinado de África, otro duelo de Titanes, ganamos con las justas. Pero los africanos tenían hasta equipo “z”; además, se querían reforzar con Brasil para retarnos. Nuestros muchachos ya habían hecho suficiente dinero y quemado suficientes calorías. Y ya era hora del almuerzo. Quedamos para mañana a la misma hora, como todos los días. Ellos se fueron a duchar y yo a hacer cola para entrar a comer, pensando –iluso- que tal vez mañana podría jugar.

Era pasada la media noche cuando un migra se acercó a nuestra celda y nos despertó: “Pssst, Perú”. Querían jugar un partido con nosotros, a escondidas, entre penumbras. (Obviamente, estaba terminantemente prohibido que los guardias jueguen fútbol con los detenidos.) El equipo titular se levantó, se lavó la cara, se puso las zapatillas y salió al campo. Yo seguí durmiendo. Los migras se reforzaron con un brasileño y un par de africanos, lo mejorcito del lugar. Como buenos mexicanos no querían perder, así que tomaban las precauciones del caso. Y no perdieron, el partido quedó empatado a dos. Los migras bajaron un poco su abultada panza y se divirtieron mucho. Hasta que amaneció y se armó la grande. Veintiséis cubanos habían escapado de madrugada del corralón del Iztapalapa. Nadie sabe qué diablos estaban haciendo los guardias en ese momento. Bueno, nosotros sí, pero no podemos juzgarlos. ¿Quién podría resistir la tentación de jugar contra Perú, el invicto? Como bien decía un italiano que iba y venía por los pabellones vendiendo todo lo que se podía vender (creo que hasta su cuerpo), cada vez que pasaba por nuestra celda su rostro dibujaba una inmensa sonrisa: “¡Perú! ¡Campione del mondo della migrazione due mila cinque!”. Y sí, éramos campeones en ese pequeño mundo. Y yo también lo fui, ¿por qué no?... Si hasta el “Chino” Pereda dice que ha sido campeón del mundo.

Oscar Aybar

Tuesday, January 15, 2008

Yo sí, tú no


Sin disimular su desánimo, Rosa María Palacios presentó la noche del viernes cuatro a Sonia Morales. La primera trabaja en el canal que estrenaría días después una miniserie basada en la vida de la cantante, y a veces hay que cumplir, mal de nuestro grado, con algunas exigencias laborales. Eso explica también el amplísimo desconocimiento que demostró una periodista que se publicita, acaso en competencia única, como aquella que mejor prepara sus entrevistas.

Confieso que no presté mucha atención a las preguntas. Me detuve en sus palabras iniciales. Dijo (la cito libremente) que Sonia Morales era una cantante muy conocida para un sector importante de la población. Sin entrar a discutir el grado de racismo, voluntario o involuntario, de una frase no inocente, sí quiero señalar dos puntos breves.

1.- Fue una anotación innecesaria. Nadie presenta a otros personajes como Juan Diego Flórez o Pedro Suárez-Vértiz, por decir dos nombres conocidos, como intérpretes o cantautores de un sector del Perú. Y es que a diferencia de Sonia Morales, supondría la conductora, ellos son artistas nacionales y basta.

2.- Haciendo números, tampoco fue un comentario exacto.

Quizá roce la ingenuidad, pero creo también que existirán bastantes menos brechas cuando todos los peruanos seamos iguales y no algunos más iguales que otros.

Abraham García Chávarri


Friday, August 17, 2007

Lo que no pudo derrumbar el terremoto



Hoy vi por televisión la procesión del Señor de Luren y se me vinieron a la mente todas las veces que fui a verlo a regañadientes, acompañado de mis padres, cuando niño. Hoy, viernes 17 de agosto (justo en el cumpleaños de mi viejo), ese Cristo tallado en madera, negro, embetunado, paseaba por las calles de una ruinosa Ica en una procesión extraordinaria.
Es muy triste ver lo que queda de la ciudad donde uno nació y creció. Para mí (como para la mayoría de los que vivimos en Lima) el terremoto no fue más que un gran susto. Pero para la gente que vive al sur de la capital fue la peor desgracia que les pudo haber pasado. Gracias a Dios, todos mis familiares están a salvo, pero viviendo las penurias que conlleva un desastre de esas proporciones. Hasta el momento que escribo este texto, Ica sigue sin luz ni agua, el pandillaje ha empezado a campear por todos lados, y no hay víveres de ningún tipo. Se necesita urgentemente la presencia de efectivos policiales -o en su defecto del ejército- para conservar el orden. Y, sobre todo, que las autoridades hagan una correcta, equitativa y pronta distribución de las donaciones.
Un primo me contó que fue con su bidón en busca de agua y sólo consiguió que se lo arrebataran. Su madre –mi tía- está enferma y no tienen nada que darle. En Nazca también ha empezado el pandillaje, según me contó una tía. Y ni qué decir de Pisco que –como ya todos saben- ha llevado la peor parte: los muertos forman hileras en la plaza de armas a la espera de los ataudes.
El domingo 26 nos teníamos que reunir todos en Ica para celebrar el cumpleaños número 80 de mi abuela materna. No sé cómo quedará esa convenida celebración. Por lo pronto mañana estoy viajando con mis tíos para llevar agua y víveres a nuestros familiares. Lamentablemente tengo que regresar sobre el pucho porque el lunes me espera la chamba. Aunque los más probable es que regrese el próximo fin de semana para saludar a mi abuela. Los mariachis, las chelas, el baile y demás tendrán que esperar hasta el otro año. Lo siento, abue.

Ahora que termino de ver el noticiero, caigo en cuenta que la carretera está hecha un desastre. Tal vez ni podamos llegar a Ica, pero habrá que hacer el intento igual. Pero, por si no llego, quiero decirle a todos mis paisanos que tengan mucha fuerza y -sobre todo- fe en Dios. Nuestro Cristo negro nunca nos ha abandonado, y no lo va a hacer ahora.


Oscar Aybar

Sunday, May 20, 2007

La dama del poncho rojo



Siempre con su voz aguardientosa, ahora –incluso- venida a menos. (Ya tiene ochenta y ocho años, pues.) Cada vez más seca, más cavernosa, ese timbre que parece a punto de colapsar en cualquier momento, pero que a la vez hace emocionar como ningún otro. Son pocos los que pueden conseguir eso. Chavela es uno de esos raros y maravillosos especímenes.

Costarricense de nacimiento, pero mexicana por adopción. Lesbiana. Cantante. Bohemia a rabiar. Fiel a su ley había tocado fondo, hasta que el director Pedro Almodóvar la rescató de un bar de mala muerte en ciudad de México y la regresó a su público. Su voz había cambiado. Le costaba más. Los tragos y los años habían pasado factura a la compañera de parrandas del gran José Alfredo Jiménez (otro de los pocos que consigue lo que Chavela cuando canta). No hay mucho que decir de esta mujer. Sólo hay que escucharla cantar, dejarse llevar, transportarse. Una voz especial, rara, patética. Y un sentimiento único que imprime en cada canción que no me hace llorar de puro macho. Aunque tengo que confesar que a veces no he podido aguantarme.

Dice Joaquín Sabina que “las amarguras son menos amargas cuando las canta Chavela Vargas…”. Sólo sé que las cosas, los problemas, las dudas, todo, adquieren un matiz diferente en la voz de Chavela. Y no puedes hacer otra cosa más que adorarla.


Oscar Aybar

BlogsPeru.com