Tuesday, June 13, 2006

El maestro viene de oriente


Debo confesar (con el rabo entre las piernas) que hasta hace un par de meses no conocía absolutamente nada del genial director chino Wong Kar Wai. No sabía quién era. No sabía qué hacía. Y ni siquiera había escuchado su nombre. Fue de manera casual que un amigo me prestó dos de sus películas: “Con ánimo de amar” y “2046”. El flechazo fue instantáneo. Jamás –en todos los años que llevo pegado al ecran y a la pantalla del televisor- me había cautivado tanto una película. Su maestría y sensibilidad para hacer y decir las cosas no las había encontrado antes en ningún director de cine (ni en ningún artista). Muchos entendidos lo consideran el más grande genio del cine contemporáneo, y tal vez no se equivocan. Este año presidió el jurado del prestigioso Festival de Cannes, siendo el primer cineasta oriental en ocupar dicho cargo.

A raíz de este “primer encuentro” traté de seguir un ciclo del cineasta en el cinematógrafo de Barranco. Sólo alcancé a ver “Cuando las lágrimas se derraman” (si no me equivoco, su primer largometraje) y “La Mano” (segmento de la serie “Eros”). La temática del amor trunco, de los personajes que no quieren (o no pueden) amar, de la nostalgia por “lo que pudo ser” es algo recurrente en estas películas. Ese tema del amor, tan universal, y a la vez tan tocado y manoseado por artistas y seudo artistas durante siglos, aparece en la obra de Wong Kar Wai de una manera tan reveladora y tan íntima que te obliga a comprometerte, a vivirla y a replantearte muchas cosas sobre tu propia experiencia de vida: sobre lo que hiciste y dejaste de hacer en aquel momento crucial. Es difícil (yo diría que imposible) ser indiferente a lo que nos dice y -sobre todo- nos muestra el genio oriental.

Es raro saber que antes de dirigir trabajó como guionista durante diez años. Digo raro porque en sus películas el guión no adquiere ninguna preponderancia sobre los otros elementos, es más, muchas veces se hace y se inventa sobre la marcha. Si bien sus diálogos no pueden ser más acertados y sus historias más contundentes, estas se enmarcan dentro de un todo, donde el guión se convierte en un elemento más (como lo dice el propio autor) y donde cada elemento cumple cabalmente la función que debe cumplir. Su propuesta colorista, su tempo lento, los boleros caribeños que se contraponen al lenguaje oriental, sus planos cercanos y de los otros (los casi fisgones), pero sobre todo sus personajes que se aman pero que “no se atreven”, los que viven -resignados, solitarios al extremo- en la nostalgia y el cinismo (como el escritor de “2046"), todos estos elementos tan bien hilvanados hacen de una película de Wong Kar Wai poesía pura. Y la poesía, cuando es de verdad y está tan bien hecha, te llega y te remece. Eso es lo que hace el chino a cada segundo, con cada cuadro.

Ahora me queda tarea pendiente: buscar y verme toda la filmografía de este maestro. Para los que no lo conocen se los recomiendo, no se van a arrepentir. Y a los que ya lo han visto, pues… no los aburro más.


Oscar Aybar

1 comment:

Jorge said...

Buen dato, Oscar. A ver si me pasas alguna de sus películas.

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